


Es muy frecuente que en las sesiones de terapia se dé este tipo de juegos.
El juego agresivo no es agresividad, es una necesidad de descargar la energía que lleva toda esa emoción.
Somos las personas adultas las que ante este tipo de juegos nos abrumamos y no nos gusta que los niños lo descarguen.
Por ejemplo, un niño ha tenido un mal día con su profesora y le ha empujado.
Llega a la sesión lleno de ira y de enfado.
Y según va transcurriendo la sesión va sacando y descargando ese enfado que trae del colegio.
Este tipo de juego de descarga no hay que cortarlo ni hay que corregirlo sino acompañarlo.